A contramano de la sugerencia de algunos amigos, que le recomendaron mantenerse alejado de la política al menos hasta después de las elecciones, Daniel Cameron, el histórico secretario de Energía del kirchnerismo, que dejó el cargo en julio pasado en forma intempestiva y en el marco de la avanzada del ministro de Economía, Axel Kicillof, sobre esa cartera, encontró una pequeña trinchera para seguir ligado al mundo de la energía.
El ex funcionario –que reparte sus días entre Río Gallegos y Buenos Aires- recuperó su viejo cargo como representante de Santa Cruz ante el Consejo Federal de Energía Eléctrica (CFEE),el organismo donde confluyen Nación y las provincias encargado de definir cuestiones técnicas del sector, en especial del segmento de transmisión eléctrica en media y alta tensión. Cameron incluso tiene una oficina en el octavo piso del edificio ubicado en Diagonal Sur al 600, donde funciona el Consejo.
Allí se lo pudo ver esta semana discutiendo con sus pares un diagnóstico sobre la industria eléctrica, jaqueada por los cortes de luz en la Ciudad. Cuentan quienes lo trataron que, lejos de mostrar alguna grieta en cuanto a su alineamiento político o, en todo caso, de bajar el perfil tras su traumática salida del Gobierno (que se pareció bastante a un destrato de parte de sus superiores), Cameron defendió activamente –quizás todavía con ínfulas del cargo que ocupó hasta ocho meses- los programas energéticos implementados por el Ejecutivo.
Relegado de la conducción del área casi desde los albores del kirchnerismo por sus recurrentes encontronazos con quien entonces fuera su jefe, el ministro de Planificación Julio De Vido, el ex secretario siempre se sintió más cómodo en ámbitos técnicos. De profesión ingeniero, en la práctica, su decisión de retornar al CFEE no es más que un volver a las fuentes, dado que por años ofició de asesor por Santa Cruz ante ese organismo hasta que en 2003 desembarcó en Buenos Aires como titular de Energía. Así lo publicó El Inversor Online.
Su eyección de la Secretaría nunca fue explicada por la Casa Rosada. Sin el respaldo ni la protección de De Vido (nunca integró el círculo áurico del otrora superministro), su salida fue analizada por algunos como un desenlace lógico frente a la avanzada de Kicillof y su equipo sobre Planificación. Otros nunca le perdonaron aquella desafortunada foto que lo retrató jugando al golf en un barrio cerrado de Pilar en diciembre de 2014 mientras miles de vecinos del área metropolitana enfrentaban como podían la peor ola de cortes de luz de los últimos 15 años.